domingo, 14 de agosto de 2016

El hombre de las dos patrias (2016) | Javier Reverte


Siguiendo la pista a Albert Camus
Panorámica de Orán, (Wikipedia)
Javier Reverte escribe un libro de viajes donde visita Orán y Argel, escenarios significativos en la vida de Albert Camus, sobre todo en la gestación de El extranjero. El libro tiene una edición deliciosa de pasta dura publicada por Ediciones B, para aquellos que aprecian la confección de un libro y les interesa una aproximación a la vida del escritor francés es sin duda una adquisición recomendable.


Foto satelital de Argel tomada por la NASA


Javier Reverte (Madrid, 1944)
Autor, periodista y sobre todo viajero, se da a la tarea de seguirle los pasos a Albert Camus. Entre sus obras más conocidas destaca la trilogía de Centroamérica, donde se toman tres países centroamericanos: Los dioses bajo la lluvia (Nicaragua, 1986), El aroma del copal (Guatemala, 1989), El hombre de la guerra (Honduras, 1992).


Tras las huellas de Albert Camus

El madrileño nos entrega un libro de casi 150 páginas en una edición bastante espaciada y con una serie de fotografías si no documentales, sí tomadas con ese punto de vista del viajero. Algunas incluso fuera de foco y en una calidad inferior a la necesaria para su impresión.
En esta obra, Reverte comienza desde su salida de Alicante. Nos permite despedirnos de Europa para luego trasladarnos en barco hasta el continente africano. Todo esto a través de una descripción lenta, eurocentrista, bien lograda en muchas páginas –ciertamente– pero que, claro, uno como lector sufre en mayor o menor medida porque adquirió el libro para conocer más de Albert Camus a un nivel biográfico y no enciclopédico. La mera enumeración de fechas resulta sosa y sin sabor:

“La primera vez que Albert Camus viajó a Orán debió de ser en 1939, mientras trabajaba ocasionalmente como periodista en Argel, después de haber visitado París en 1937. Pero cuando se separó de su primera mujer, Simone Hié, y contrajo matrimonio en junio de 1940 con Francine Faure, una chica de Orán, decidió instalarse en la ciudad de su nueva esposa. Era el mes de enero de 1941.” p.36

A veces, también la presencia de Reverte estorba un poco y la llegada a pasajes biográficos puede se eterna. Afortunadamente tanto el número de pasajes biográficos como su extensión aumenta prodigiosamente pasando la mitad del libro. En la primera parte nos tenemos que dar por bien servidos con citas directas porque Reverte no encuentra todavía el tono que llevará su libro:

“De los oraneses decía que los devoraba un Minotauro. “No hay lugar –escribe en los Carnets– que los oraneses no hayan mancillado con alguna horrible construcción que podría deshonrar cualquier paisaje. Es una ciudad que da la espalda al mar y se edifica alrededor de sí misma a la manera de los caracoles. Al principio rodamos por ese laberinto buscando el mar como sino de Ariadna. pero giramos por esas calles feas y sin gracia y, al final, el Minotauro devora a los oraneses: el tedio.” p. 37

Mientras más avanza, más detalles se dan del autor y eso se agradece sobremanera, por ejemplo, esa contextualización que se da sobre su recepción en su gremio:

“[…] luego la ocupación nazi de Francia, la Resistencia, el debate intelectual en el que fue tachado por los pensadores “progresistas” –su viejo amigo Sartre, entre otros– de “esteticista”, y la soledad en su rechazo de cualquier forma de asesinato, por más que fuera cometido en nombre de la justicia... Le gustaba recitar un verso de Shakespeare: “Todos los locos de esta era, que, muriendo por el bien, han vivido en el crimen.” p.140

Camus se nos presenta como un hombre rebelde que no se contenta con medias cosas y propone soluciones perfectas, pero imposibles:

“Publicó una serie de artículos que tituló Miseria en la Cabilia, en los que denunciaba la situación de injusticia y pobreza en que vivían los argelinos. En esos artículos se trazaba la línea principal de la que acabaría por ser, tras el estallido de la guerra de la independencia en 1954, la propuesta del escritor para una “tregua civil” entre las dos comunidades, basada en la libertad y la igualdad de derechos de árabes y colonos bajo el paraguas protector de la Francia democrática. Su propuesta fracasó ante la oposición de uno y otro bando, argelinos y franceses, y Camus se quedó solo.”, p.155
 
Tardía y brevemente aparecen menciones a Sartre. Uno se queda con ganas de saber más sobre aquella amistad que luego se vio disuelta por cuestiones ideológicas. Aun así, lo que se entrega, nos hace releer las páginas:
 
“En 1942, con la publicación de El extranjero, había recibido numerosos elogios, en particular de Jean Paul Sartre, de quien se convertiría pronto en gran amigo. [...] No obstante, él nunca se sintió relajado en aquel ambiente de grandes figuras del pensamiento. En los círculos intelectuales –escribió-, no sé por qué, siempre tengo la impresión de que tengo que pedir perdón por algo. No puedo evitar la sensación de haber transgredido alguna de las reglas del clan. Naturalmente, eso me impide ser espontáneo y, a falta de espontaneidad, me aburro hasta de mí mismo”. [...] los intelectuales, por su parte, nunca le perdonaron afirmaciones como esta: Algunos de nosotros no soportamos que se hable de desdicha si no se es con conocimiento de causa.”, p.158-59
 
El libro acaba por entregarnos un retrato vívido, creíble y compacto de Camus, un hombre con ideas difíciles de digerir, que distan de esa actual tendencia patológica de hacer todo políticamente correcto:

Uno no puede ponerse al lado de quienes hacen la Historia –decía–, sino de quienes la padecen. Y añadía: Cada vez que un hombre en el mundo es encadenado, nosotros estamos encadenados con él. La libertad debe ser para todos o para nadie.”, p.160

Posiblemente esto es lo más atractivo del libro, esa recopilación de citas que tienen tanta resonancia en el actual panorama político europeo y que escoge para cerrar el libro:

Cuando la violencia responde a la violencia en un delirio que se exaspera y vuelve imposible el simple lenguaje razonado, el papel de los intelectuales no puede ser, como se lee a diario, disculpar desde la lejanía una de las violencias y condenar a la otra, pues ello tiene el doble efecto de indignar hasta la furia al violento condenado y alentar una mayor violencia en el violento declarado inocente, p.162

Conclusión
La introducción del libro bien pudo reducirse de 70 páginas a unas veintitantas. El viaje por Orán y Argel se queda en lo anecdótico y cuando comienza a tratarse de Camus, la tercera parte del libro, ya no hay tiempo y se acaba el libro. No obstante, hay que reconocer que el tono escogido del libro es para todo público y no sólo para expertos en literatura, lo cual se agradece.
Bien logrado también es el ritmo, una lectura fácil para calentar motores y decidirse después por una biografía de Camus mucho más profunda.

1 comentario:

  1. Qué buena cita escogiste: "Uno no puede ponerse al lado de quienes hacen la Historia –decía–, sino de quienes la padecen." .-)

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