Aviso
No cuento casi nada de la trama. Esto es más bien un comentario a la novela y no una reseña.
Preámbulo
Hay ciertos libros que te merodean y vas a tener que leerlos quieras o no. Se acercan. Al principio -por x o por y- no los lees por miles de razones pero acaban cayendo en tus manos. Este es uno de esos casos.
Yo fui por primera vez a Barcelona en 2008. Mientras recorría los atractivos turísticos escuché cómo un apasionado guía contaba sobre la colosal construcción del templo Santa María de la Mar, así como alaba el minucioso trabajo de Falcones que versaba sobre el mencionado recinto. ¿Fue esa la primera vez que me topé con el título de la novela? No sé.
Lo que sí sé es que muy poco después una amiga me contactó porque iba a entrevistar telefónicamente a Ildefonso Falcones y necesitaba que yo le revisara la gramática de las preguntas.
Inmediatamente después era imposible no ver el nombre del autor en escaparates alemanes o dentro de la lista de los más vendidos.
Debo decir que hasta ahí mi curiosidad no había despertado todavía.
Años después, durante una conversación inesperada, me regresa este libro. Aquí te va este ladrillo de 600 páginas y letra pequeña. Vamos a ver, me digo. Tengo tiempo, no traigo libro en este viaje. ¿Por qué no?
Los primeros capítulos me parecen limpios, interesantes, con un ritmo excelente. Huele a bestseller. No me siento forzada a terminar el libro. No me lo piden de vuelta inmediatamente.
La trama
Se cuenta la vida de Arnal Estanyol situada en el siglo XIV en territorio catalán. Se trata de una historia llena de penurias con final feliz. Fuera de la trama, desde mi punto de vista esto no es lo importante del libro (ya que el setting es bastante predecible), hay elementos mucho mejor logrados: la reconstrucción de la época, los usos y costumbres no podrían ser mejor explotados. Es realmente genial cómo se van entremezclando causando acción y tensión y no sólo son elementos ornamentales.
Tan cerca.... y tan lejos en el tiempo
Hay algo más en este trabajo titánico de Falcones que me parece subrayable y que le da al libro un valor de universalidad a través del tiempo: su repercusión con la situación política actual. Por un lado vemos cómo funcionan las leyes. No se trata de un mundo fantástico, sino que se recurre a un mundo pasado que sí existió. Así funcionaban las cosas por entonces. Si un hombre quería empalizar a su mujer adúltera, tenía derecho. ¿Nos suena de algo este ejemplo?
Independientemente de dónde se esté ahora en el marco legal, sí que ha habido mejoras y no sólo en el aspecto legislativo. El autor echa de repente un guiño al presente y nos confronta a comparar qué tan ajenos somos a esa situación.
También en lo social esconde una dura crítica al problema de la diversidad religiosa y la (posible) convivencia de estas en una sociedad. Por supuesto, fuera de ser armónica, se presenta como el resultado de intolerancia mutua.
A través de maledicencias y chismes se justifican los católicos de condenar a los judíos conversos. Y cuando un problema no tiene solución en la sociedad y no hay forma de controlar a las masas... entonces se busca un chivo expiatorio. Todo lo que no es como nosotros debe estar (tiene que estar) equivocado y es por ello sospechoso, amenazante. Las masas se vuelven implacables y comienzan a confirmar sus prejuicios, sus chismes sobre aquel otro grupo religioso que parece no sufrir bajo el problema que aqueja a todos. ¿Nos suena de algo esto?
¿Estamos realmente lejos de ese siglo XIV, principios del XV? En países como México un país 90% católico, 100% guadalupano -exagero, lo sé- ¿qué tanto nos queda el saco? Posiblemente bajo el estandarte de la religión nos escondemos y nos defendemos de aquello que no entendemos, que ignoramos y que es diferente a nosotros.
¿Estamos realmente lejos del siglo XIV sólo porque no tenemos Inquisición? Tal vez sí, tal vez no. Igual y así sigue habiendo presidentes estadounidenses que afirman que si no se está con ellos, se está contra ellos; y hay curiosos candidatos presidenciales que piensan que "lo mexicano" en sí es malo, sólo eso.
Salgamos por un barrio berlinés lleno de turcoalemanes, no tenemos que esperar mucho para ver miradas duras contra aquellas mujeres que se ocultan el pelo bajo la burka. Tal vez no ocurre con tanta frecuencia, pero me ha tocado también ver cómo los dueños de estas miradas, tan open mind, tan progresistas, encaran a esas mujeres y en un tono autoritario les exigen que se descubran. Rara esa forma de entender el concepto "tolerancia". Muy rara. Creo que no nunca me voy a acostumbrar a que sea unidireccional esa práctica de valores en la sociedad: al lugar donde fueres, hacer lo que vieres. ¿Por qué se sienten agredidas por la burka estas personas y tienen una urgencia de gritar, de encarar al otro?
¿Cuán lejos estamos del siglo XIV, del XV?, me pregunto.
Falcones quizá no puede imaginar en nuestro siglo una amistad entre católicos, judíos y moros. En el siglo XIV bien que le funcionó a pesar de los secretos, las apariencias, la sociedad.
Extremadamente recomendable este libro, sobre todo para clases de Historia no hay nada mejor que ver datos duros en contexto.
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domingo, 19 de junio de 2016
domingo, 17 de marzo de 2013
Península, Península - Hernán Lara Zavala
Península, Península (2008)
Mensaje de amor a Yucatán enuna botella una novela histórica
Hernán Lara Zavala (1946) nos ofrece una delicia de novela, de aquellas que es preciso leer cuando uno se toma tiempo para conocer su propio país y no sólo cuando va a hacer uso de sus playas.
Hernán Zavala consigue atrapar desde los primeros capítulos con una narrativa fluida, coqueta, experimental*. No sólo eso, se toma el tiempo para presentarnos la península no sólo la actual sino aquella que era siglos pasados. Con paciencia -pero sin aburrir- entrelaza en su narrativa algunas costumbres y palabras mayas y le va dando carácter a ese territorio inmenso, que curiosamente los del centro no llegamos a conocer bien pero sabemos diferente a "nuestras costumbres" y que -gracias a los escuetos y malogrados planes de estudio de primaria- a veces nos parece una región donde no pasa nada (históricamente hablando). ¿Una revolución maya? ¿Años donde ese territorio no pertenecía a México? ¿Tanta violencia durante años hasta que Porfirio Diaz consigue tranquilizar la región? ¿Enfrentamientos entre mayas? Sí. Es ignorancia pura del centro.
El personaje principal, José Turrisa**, que en realidad no es principal sino un mero pretexto, nos abre la puerta para entrar en ese mundo conformado por varias pieles. Coinciden entonces tiempo, espacio, personas, culturas. Se mezclan, se rechazan pero no pueden ya separarse más. El autor -que en realidad se pone a sí mismo como el autor de una novela ya escrita pero que deberá ser una segunda vez contada- hace una declaración de amor abierta a la Península. Es imposible no querer conocer ese espacio, no con ojos de turista. Y no se trata aquí de mero y llano chauvinismo. Hernán Zavala tiene la maestría de usar varias voces para ofrecer así diferentes perspectivas: voces extranjeras de personas que no tienen nada que ver con México como Fitzpatrick o la señorita Bell y que le sirven para ver de forma crítica esta región. Pero también deja que se le cuelen voces mestizas y mayas. Y a través de su autor, se permite una licencia para opinar del tema desde el siglo XXI.
"Península, Península" es pues una introducción exhausta a Yucatán y un poco a Campeche. Para recomendar este libro valga de señuelo este fragmento lúdico que escribe en su diario la señorita Bell, institutriz inglesa que vive en una familia pudiente de Mérida:
¿Se trata aquí de una novela histórica de tema mexicano para mexicanos? No. El tema es tratado de forma universal lo que la hace aún más valiosa. Incluso hace un aporte, una reflexión suave donde se pone en tela de juicio aquello de que la libertad debe ser defendida con todo -implique esto o no guerras sumamente cruentas. La figura del doctor Fitzpatrick que conecta de cierta manera la razón y la barbarie, representa esa decepción, ese hartazgo por las rebeliones; que si bien, pudieron haber comenzado motivadas por buenas intenciones; en el camino se van deformando y causando masacres o se vuelven instrumentos de venganza. Fitzpatrick, que viene huyendo de los dos valores más sublimes por los que los seres humanos pelean: la libertad y el amor, termina encontrándose en todas partes con ellos; como si estuviera maldito y mientras más se aleja de ellos, más se los encuentra. Al final, el destino le ganó y es el amor -por su fiel Pompeyo- lo que lo ciega y le hace perder en un instante la vida.
Dos años después de publicada, la novela es galardonada por la Real Academia. Y entre los que sucumbieron al encanto de la pluma de Lara Zavala se encuentra el ya fallecido Carlos Fuentes, quien escribió un artículo sobre esta obra en el periódico Reforma.
* Aquí una probadita: "¿Nos encontramos ante una novela histórica? No estaría tan seguro. Dudo que el adjetivo "histórico" logre superar al sustantivo "novela". ¿Cómo escribir una novela basada en hechos reales del siglo XIX sin rendirse a las convenciones de la novela decimonónica? ¿Cómo resolver el conflicto, si acaso existe, entre ficción e historia? El novelista solía recordar que el viejo Aristóteles argüía que la historia se encarga de narrar los sucesos tal y como sucedieron mientras que la literatura los cuenta como pudieron o debieron haber sido. Esto nos coloca en la encrucijada ya que, por un lado, el novelista desea serle fiel a aquello que ocurrió pero por otro, desea también utilizar la libertad que le concede la novela para que dicte los hechos. (Península, Península, p.79)
**Apostilla: Llegué a esta novela porque me enamoré en las vacaciones de Valladolid y me pregunté por qué nunca se me había ocurrido antes pasar por allí. La lectura pasó pues por Yucatán, Campeche, Tabasco, Puebla, Ciudad de México,Toluca. Y ayer, a escasos -2°C en Berlín, terminé la novela. Sin embargo, no acaba la cosa allí. La búsqueda de información sobre "José Turrisa" me arrojó a su vez piezas clave para descrifrar la novela. Esto sin embargo me lo quedo para mí, sea el lector curioso el que repita esta búsqueda.
Mensaje de amor a Yucatán en
Hernán Lara Zavala (1946) nos ofrece una delicia de novela, de aquellas que es preciso leer cuando uno se toma tiempo para conocer su propio país y no sólo cuando va a hacer uso de sus playas.
Hernán Zavala consigue atrapar desde los primeros capítulos con una narrativa fluida, coqueta, experimental*. No sólo eso, se toma el tiempo para presentarnos la península no sólo la actual sino aquella que era siglos pasados. Con paciencia -pero sin aburrir- entrelaza en su narrativa algunas costumbres y palabras mayas y le va dando carácter a ese territorio inmenso, que curiosamente los del centro no llegamos a conocer bien pero sabemos diferente a "nuestras costumbres" y que -gracias a los escuetos y malogrados planes de estudio de primaria- a veces nos parece una región donde no pasa nada (históricamente hablando). ¿Una revolución maya? ¿Años donde ese territorio no pertenecía a México? ¿Tanta violencia durante años hasta que Porfirio Diaz consigue tranquilizar la región? ¿Enfrentamientos entre mayas? Sí. Es ignorancia pura del centro.
El personaje principal, José Turrisa**, que en realidad no es principal sino un mero pretexto, nos abre la puerta para entrar en ese mundo conformado por varias pieles. Coinciden entonces tiempo, espacio, personas, culturas. Se mezclan, se rechazan pero no pueden ya separarse más. El autor -que en realidad se pone a sí mismo como el autor de una novela ya escrita pero que deberá ser una segunda vez contada- hace una declaración de amor abierta a la Península. Es imposible no querer conocer ese espacio, no con ojos de turista. Y no se trata aquí de mero y llano chauvinismo. Hernán Zavala tiene la maestría de usar varias voces para ofrecer así diferentes perspectivas: voces extranjeras de personas que no tienen nada que ver con México como Fitzpatrick o la señorita Bell y que le sirven para ver de forma crítica esta región. Pero también deja que se le cuelen voces mestizas y mayas. Y a través de su autor, se permite una licencia para opinar del tema desde el siglo XXI.
"Península, Península" es pues una introducción exhausta a Yucatán y un poco a Campeche. Para recomendar este libro valga de señuelo este fragmento lúdico que escribe en su diario la señorita Bell, institutriz inglesa que vive en una familia pudiente de Mérida:
26 de febrero, 1847. Ayer, a través de una de las mestizas que trabaja como sirvienta, me enteré de lo que es el Huay Chup.
-¿Quién se lo dijo? -me preguntó.
-Lo oí en la calle. -contesté.
-Ah, es como el Huay Chivo. -me explicó sonriente -, sólo que no contento con asustar a la gente se mete a las casas y si encuentra a una mujer núbil se acuesta con ella sin que la mujer pueda despertar y menos gritar porque tiene algo en la boca que, con el primer beso que da, la persona queda en trance, como embrujada.
-¿Tú crees en eso?
-Claro, la gente lo ha visto y ha atacado a muchas mujeres. Dicen que las embaraza y cuando nace el niño sale con cara de chivo y cuerpo de hombre. Le recomiendo que cuando se duerma se tape bien y ponga sus zapatos donde tiene la cabeza y la almohada en los pies para que no la pueda besar. (Península,Península p.53)
¿Se trata aquí de una novela histórica de tema mexicano para mexicanos? No. El tema es tratado de forma universal lo que la hace aún más valiosa. Incluso hace un aporte, una reflexión suave donde se pone en tela de juicio aquello de que la libertad debe ser defendida con todo -implique esto o no guerras sumamente cruentas. La figura del doctor Fitzpatrick que conecta de cierta manera la razón y la barbarie, representa esa decepción, ese hartazgo por las rebeliones; que si bien, pudieron haber comenzado motivadas por buenas intenciones; en el camino se van deformando y causando masacres o se vuelven instrumentos de venganza. Fitzpatrick, que viene huyendo de los dos valores más sublimes por los que los seres humanos pelean: la libertad y el amor, termina encontrándose en todas partes con ellos; como si estuviera maldito y mientras más se aleja de ellos, más se los encuentra. Al final, el destino le ganó y es el amor -por su fiel Pompeyo- lo que lo ciega y le hace perder en un instante la vida.
Dos años después de publicada, la novela es galardonada por la Real Academia. Y entre los que sucumbieron al encanto de la pluma de Lara Zavala se encuentra el ya fallecido Carlos Fuentes, quien escribió un artículo sobre esta obra en el periódico Reforma.
* Aquí una probadita: "¿Nos encontramos ante una novela histórica? No estaría tan seguro. Dudo que el adjetivo "histórico" logre superar al sustantivo "novela". ¿Cómo escribir una novela basada en hechos reales del siglo XIX sin rendirse a las convenciones de la novela decimonónica? ¿Cómo resolver el conflicto, si acaso existe, entre ficción e historia? El novelista solía recordar que el viejo Aristóteles argüía que la historia se encarga de narrar los sucesos tal y como sucedieron mientras que la literatura los cuenta como pudieron o debieron haber sido. Esto nos coloca en la encrucijada ya que, por un lado, el novelista desea serle fiel a aquello que ocurrió pero por otro, desea también utilizar la libertad que le concede la novela para que dicte los hechos. (Península, Península, p.79)
**Apostilla: Llegué a esta novela porque me enamoré en las vacaciones de Valladolid y me pregunté por qué nunca se me había ocurrido antes pasar por allí. La lectura pasó pues por Yucatán, Campeche, Tabasco, Puebla, Ciudad de México,Toluca. Y ayer, a escasos -2°C en Berlín, terminé la novela. Sin embargo, no acaba la cosa allí. La búsqueda de información sobre "José Turrisa" me arrojó a su vez piezas clave para descrifrar la novela. Esto sin embargo me lo quedo para mí, sea el lector curioso el que repita esta búsqueda.
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