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martes, 26 de diciembre de 2017

Benjamin Alire Sáenz (Parte I) | Kentucky Club (2014)

Kentucky Club (2014) | Benjamin Alire Sáenz
"Vivía en la frontera. Y en la frontera puedes enamorarte de la tragedia sin ser trágico"
Comienzo a sospechar que los mejores libros de este año fueron los que me llegaron por recomendación. En este caso termino en las manos con un libro de cuentos de Benjamin Alire Sáenz (Nuevo México, 1954). Y comienzo también a creer que los mejores cuentos son aquellos sin grandes tramas pero insertados en grandes temas.
Este caso no es la excepción. Estamos ante una colección de cuentos muy amena difícil de encasillar en alguna etiqueta literaria. No se trata de literatura fronteriza, ni literatura gay, ni literatura rosa, ni de literatura de denuncia y sin embargo, de todas ellas tiene un poco. Para mí ha sido posiblemente uno de los dos mejores libros de este año. El otro sería de Tobias Wolff (Cazadores en la nieve -ya habrá tiempo para reseñarlo también).

Digresión: 18 de diciembre

No porque el libro tenga que ver en su totalidad con la migración. Pero el tema está ahí. El pasado 18 de diciembre fue el día del migrante. Por terceras fuentes me llegó un afiche con datos sobre los movimientos migratorios actuales. Y yo con gran tristeza lo miro, porque veo que en esa gran diáspora hay millones de mexicanos.
Y eso no va a cambiar ni ahora, ni en diez años. Primero porque en México a los políticos la población les interesa un pepino (y no es algo que solo piense yo, ya Sara Sefchovic en Atrévete ha argumentado muy bien por qué también lo cree). Segundo porque gran parte de lo que debería estar moviendo el gobierno, lo están moviendo los migrantes allá: enviándolo como remesa. Y tantas son las ganancias que el asunto está así en México: más dejan los migrantes que el petróleo, la industria o el turismo. Estamos hablando de un país que cualquier inversor entendería como cornucopia.

Recuerdo mi visita a El Paso. Mi primer choque tex-mex. Recuerdo los atardeceres que se extendían ad infinitum en un desierto que no conseguía detenerlos. Recuerdo la oscuridad de sus noches. La ciudad llena de letreros bilingües y las personas saltando de una lengua a la otra. Así sería México, pensé. Si nos pusiéramos los pilas: semáforos que se respetan, orden, trabajo. Claro, también dureza. Pero en una estancia tan breve no da para conocer de cerca esa otra cara, sólo da para conocerla de oídas. En algún momento fuimos a Juárez mi expareja y yo. Recuerdo que tomé fotografías a diestra y siniestra hasta que sentí caras hartas, molestas. Después sentí miedo. En ningún momento me sentí cómoda, al menos no acompañada por una mujer caucásica que en cualquier parte de Juárez está fuera de lugar.
El mejor momento de la visita a Juárez fue cuando reingresé a los Estados Unidos. Fue la primera vez que vi la frontera México – Estados Unidos. Antes todo se resumía a lecturas.
Y si en las lecturas esa cultura fronteriza me pareció compleja, en la realidad me lo pareció mucho más.

Benjamín Alire Sáenz (Nuevo México, 1954)
"-Tú no estás triste. Sólo estás herido.
-Todos estamos heridos."
Su vida deja traslucir bastante bien su escritura. Escritor (cuentista, novelista, poeta), pintor y activista estadounidense. Estudió Filosofía y Letras en 1977. En Bélgica estudió Teología (1977 a 1981). Y ejerció como sacerdote en El Paso, Texas.
En 1985, con 31 años, regresó a estudiar Creación Literaria en la Universidad de Texas. Realizó estudios de doctorado en Iowa. Cambió a la universidad de Stanford, donde terminó su poemario, Calendar of Dust, con el cual se hizo acreedor al premio American Book Award en 1992. Posteriormente se mudó a la Universidad de Texas en El Paso para impartir clases en el programa de Creación Literaria MFA bilingüe.


Pinturas: Alire Sáenz Foto:Rubén Varona, Blog: La Mandrágora
Kentucky Club (Antología de cuentos)
"Fui a los periódicos.
Hablé con los abogados.
Hablé con activistas de derechos humanos.
Hablé con mi congresista.
En realidad nadie quería hablar conmigo. Empecé a entender lo que se siente ser invisible".
Debo de confesar que me cuesta bastante encontrar un orden en la reseña por mi necesidad de decir varias cosas al mismo tiempo. Así que comienzo por generalidades, y luego ya voy echándole a perder la lectura a todos contándoles de qué van los cuentos en la segunda parte.
En esta antología de siete cuentos largos uno se encuentra ciertos hilos conductores independientemente de la caracterización de los protagonistas (casi a todos o les gusta la pintura, o dibujan ellos mismos) y de la elección del narrador (en todos se usa un narrador personaje que no conoce todos los detalles de la historia). En todos hay ya sea de manera secundaria o bien como tema del cuento la homosexualidad. Si bien, no desde una perspectiva pesimista, sino más bien, como una posibilidad entre tantas. El siguiente tema sería el amor: el amor pasional, platónico, fraternal. Pero también el amor familiar y el peso que éste tiene en familias cuyo tradicionalismo puede verse más como un pesar que como un sentimiento. El tercer tema que es común a todas las historias es la frontera: la frontera entendida como aquello que nos separa de los otros: ya puede ser la frontera entre El Paso y Ciudad Juárez, o puede ser entre el yo y el otro.

Pareciera que son muchos temas pero justamente esto es lo que hace al libro entrañable. No se topa aquí uno con un puñado de cuentos panfletistas en pro de la tolerancia racial, o la diversidad sexual. Son los personajes los que nos recuerdan que sí, que eso existe y que no se trata de números o cifras. Sí, la violencia existe también y no se trata de notas alarmistas. Alire Sáenz consigue que empaticemos tanto con sus personajes que cuando son despojados de un objeto o persona preciado –y posiblemente lo único que tenían o les interesaba tener– sufrimos con ellos por muy evidente que sea la narración de los hechos.

Sí, tiene frases y párrafos enteros donde uno duda un poco y piensa que está leyendo una novela rosa, pero luego viene el desencanto y la estocada final. ¿Qué más le sobra al libro? Quizás esa necesidad de querer poner a sus personajes importantes en el Kentucky Bar. En este sentido, la frontera es mucho más significante que el bar.

Un último dato: el título original es Everything Begins and Ends at the Kentucky Bar que fue casi traducido sin cambios al alemán Alles beginnt und endet im Kentucky Club pero el editor del castellano creo que leyó los cuentos y por eso reacomodó el título a algo más cercano a las historias.

Atención, en la segunda parte de la reseña hago el resumen de los cuentos, con lo cual, aquel que no quiera spoiler, siéntase libre de dejar aquí la lectura. Si se precisa una buena reseña al respecto, puedo remitir a esta: El club de los corazones rotos

"Me encontré sentado en la barra del Kentucky Club.
Pedí un trago, y luego otro... y luego otro. [...]
No sé cuánto tiempo me quedé sentado en el bar, bebiendo, tratando de no pensar. Tratando de no odiar. Tratando de no sentir nada."
 
Interior Kentucky Club

miércoles, 26 de febrero de 2014

Stefan Zweig | El placer de leer buena prosa

Stefan Zweig

No hay nada más espantoso que estar rodeada de seres humanos.


Ya había tenido la ocasión de leer al austriaco Stefan Zweig. Por alguna razón se me perdió de vista. Ahora vuelve a mí un librito con tres historias suyas excelentemente bien contadas: Carta a una desconocida, Leporella, El refugiado. De esas, que uno devora sin pausa y se arrepiente de la bestialidad cometida: uno engulle el librito en un par de horas... Y de repente se da cuenta que se acaban las páginas y uno se queda con ganas de más...

Carta de una desconocida
Ya el título resume bastante el contenido de la novela corta. Un escritor recibe una carta de una mujer que por desgracia termina para él siendo una desconocida. En la carta se descubre una mujer que confiesa su amor desde niña pero ella misma no puede entender la naturaleza de sus sentimientos por el autor. Posteriormente, cuando se vuelve mujer y ese amor obsesivo la lleva a buscar al escritor, él por fin la percibe. Pero vuelve a desaparecer de su vida. Unos años más tarde, volverán a encontrarse; él –sin reconocerla– volverá a sentirse atraído por la belleza de ella. Después de ese contacto no coincidirán más.
¿Por qué esta mujer le escribe? Esto lo descubre el lector en las primeras líneas.
Es una novela con un ritmo ágil, un romanticismo cuidado y creíble que no llega a empalagar porque la mujer madura comenta sus sentimientos a posteriori.
Lo tragicómico del asunto es que el escritor es el que menos sabe. Por más que intenta reconstruir hechos, no consigue saber quién es esa mujer. Bellísima novela, muy recomendable.

Leporella
Un gusto por el detalle. Una historia que parece ir a un lugar conocido y sin embargo se transforma; cambia de escenario y abandona el lugar donde nos parecería idóneo situarla para irse a una metrópoli. Leporella es un personaje que incluso al narrador le cuesta presentar con cariño. A pesar de ser la protagonista, uno como lector siente cierta distancia. Esto es difícil de expresar, pero entre más distancia, más queremos saber qué pasa por la cabeza de este peculiar personaje que a su coprotagonista termina por aterrorizarlo sin hacerle absolutamente nada.
La historia se va por vericuetos un tanto insospechados para acabar como una historia perdida en la ciudad. Lo más rescatable de este texto es la forma en que el autor va describiendo su personaje principal (seguro que cada uno de nosotros hemos conocido una Leporella pero pocos seríamos capaces de recordar cuándo y cómo era la persona) y cómo narra esa vida aparentemente anodina y determinada. Sí, ahora que lo pienso, Leporella es un texto que va contra el determinismo. Ella no debió haber muerto como lo hizo, sino que debió haber disfrutado su dinero ahorrado en una casa pobre y nutriéndose de quejas y chismes cotidianos.
Leporella, Leporella. Una historia rescatada.

El refugiado
Una historia que de principio a fin sabemos que va a acabar de forma triste, pero a la mitad del camino se nos despierta una venita de esperanza, donde uno se autoengaña pensando que tal vez el autor nos haga trampa y termine por contarnos un final feliz.
Estamos frente a una historia fría sobre los daños colaterales de la guerra; donde es inevitable preguntarse: ¿se gana algo con una guerra por muy justificada que esta sea?
Una situación que pareciera absurda no lo es: un hombre que es el objeto resultante de decisiones políticas, de peleas, de fronteras entre países. “El refugiado” narra la historia de un hombre al que le han despojado de todo: familia, país, libertad. Un relato cortísimo que da mucho que pensar.

Como siempre, termino nuevamente como fan de un austríaco. Así sea.